martes, 10 de febrero de 2015

El abrazo partido

No va a saber acariciarte.
Esfuerzo perimido de sus manos.
No se va a enredar en tu saliva,
tu risa tonta, borracha de cielo.
Hipérbole sacrílega y revolucionaria
tu sonrisa de orgasmo.
No va a escuchar con la imaginación
en el poder a los barcos,
o los indios
o cualquier cuento siempre sin moraleja
ni punto final.
No te va a abrazar después del amor
como si la última lluvia de aire del mundo
jugase al gallito ciego en tu beso
y tu suspiro,
vital arrullo de un sueño prohibido
entre abrazos que se duermen
y se tropiezan torpes
y se tocan todo el tiempo
porque lo irreal está ahí.
En el río de tu mano
y esa electricidad que no tienen sus dedos.
No.
No la tienen.
Vos y yo sabemos que no.
Cómo desandaras hoy
tu paisaje sin colores.

domingo, 8 de febrero de 2015

Horizonte de sucesos


Límite de lo material
tu pie, la palma de tu mano.
Antes del tiempo de los tiempos
tu boca estaba muerta.
Muertas tus aves y la luz,
latido áspero que llena lo no dicho.
Cuánta indignidad
acaricia este vacío.
Lo que no será,
lo que resueltamente solo fue palabra.

Tristeza en vaso de agua,
absurdo sacrilegio.
Fortuito.
Furibundo.
Acecho de gorrión.
Tu pasión, olvidada en que bolsillo,
boquita ahogada 
dejándose ahogar
sin pataleos.
Te vas a enamorar de otra
mina sin sol.
A quién le importa
la verdad en el otoño.

Fuego silencioso,
colibrí de la savia.
Amanece apagado
el sol entre tus dedos.
Criatura inútil.

Habrá que echarse a rodar,
lejos del  frío de mi sombra.
Tus besos.
Tu mano amiga.
Tu risa.
Un listado  insoportable
reitera sin apuro
la certeza  de tu ausencia
que aún no ha comenzado.

Y ya no se demora

domingo, 25 de enero de 2015

Buenos días


La noche es una
mano en la garganta
que aprieta,
que se cierra
sobre tu nombre.
Tu nombre que solo
es dado para callar.
Y calla.
Orgía de libélulas, tus ojos.
Otro temor invocarán
tus dedos.
Rueca santíficada
y la palabra.
Una mano húmeda
que ya está seca.
Solo le queda la verdad,
esa espuma que galopa
en la grupa del opio
de tus besos.

Buenas noches


Cuando la mentira que a nadie
le importa.
Ni a vos.
Ni a las enciclopedias.
Ni a los sapitos cantores de la noche.
Cuando la luna toda
te contempla como hermana
y te incendia los ojos.
y te estalla la boca.
La boca...
¡Oh, palabra cruel!
Territorio de peces, tu boca.
Faro último dónde no hay un beso.
No hay un solo beso
en la palabra boca,
y sin embargo
tu lengua envuelta en gerundios,
belleza convulsa y real.
Tu boca hecha de lenguas,
de muchas lenguas.
Construida...
Raíz amable del deseo,
de los puentes, de la sal.
Movimiento de Tchaikovsky.
Lechuza ciega.
Augurio de la lluvia.
Silencio del náufrago...

miércoles, 7 de enero de 2015

Los pasos tras la nada

Ciudad de la saliva,
noctámbulo silencio
y el silbido del hacha que cae,
para espantar las aves.

Hambre de bocas
trae tu espalda ciega.
Pobrecita.
Sin ojos.
Sin crueldad alguna.

Pequeños ecos
de las palabras sucias.
Inocuas.

Nada espera
al final de tu ausencia.
Con que necesidad inútil
recorrerla

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Fellatus

Dos besos más, al sur de tus caderas.
La numismática hecha piel
y el delicado sonido de las llamas.

Un placer incompleto arde en sal,
en palabras obscenas.


De frente,
tu sexo.
Horizonte sediento.
Costal de soles.
Aullido vital.

Mio.
En un instante
hecho pedazos
por todas las leyes del
Universo.

Mio

lunes, 17 de noviembre de 2014

Fútbol allá al fondo


Volvía del colegio cuando lo escuche a Pablo murmurar:
 “...por eso ya no juega mas a la pelota”.

Yo sabía que hablaba de mí.
Y también porqué lo hacía.
Todos estos años fui su compañera en el Sportivo. Eramos los campeones del barrio. Teniamos una manera de jugar juntos donde no necesitabamos ni mirarnos. Un solo pensamiento con la balón en los pies. Y si nos mirabamos era para saber lo que el otro pensaba, donde iba ese pase corto, donde estaba descubierto el arquero.

Pero es cierto, ya no juego mas a la pelota.
La final con el Defensores de Loma fue un horror. Dos minutos antes de empezar el partido empecé a tener unos dolores raros en la panza. Le dije al director técnico que iba al baño y lo inevitable estaba en la bombacha.
Era la primera vez que me indisponía pero iba a ser la última que me iba a pasar en una cancha. Ni Pablo ni nadie podía entender todo lo que me pasaba en aquel momento. La vergüenza de ver mi cuerpo y mi ropa manchada. Salir corriendo sin poder dar explicaciones. Correr sucia y dolorida y lejos de los amigos y todo fue una mierda.

Asi que me fui del club.
Nunca mas los salude. Hasta cambie la parada del colectivo para ni verlo.
Pero la suerte tampoco tiene que ser muy grande para cruzarse, tarde o temprano, a alguien del barrio. Pablito hablaba con otro pibe y aunque me hiciera la boluda sabia que me estaban mirando cruzar la calle y que no me quedaba otra que pasarles por al lado.

“..por eso ya no juega mas a la pelota”

Clarito se lo escuché. Lo miré y lo encaré sin tantas vueltas.

- Vamos a la canchita

Eso se dice solo para cagarse a trompadas. Cagarse a trompadas en serio. Sin testigos ni amigos ni madres que te salven.
Se rió y el amigo también. Me quede seria para demostrarle que no le tenía miedo y se dió cuenta.
Se levantó de la vereda y me pareció mas alto que la última vez. Sonreía con maldad. Le golpeó el hombro al amigo como despidiendose y empezó a caminar para la canchita.
Lo seguí detrás. La espalda se le veía mas ancha. Caminaba tan seguro y divertido de este momento de venganza que yo le regalaba. La traidora del Sportivo. La conchuda que se fue por semejante pelotudez dos partidos antes de terminar el campeonato. La estúpida que caminaba despacio hasta que llegamos a la canchita y me di cuenta que estaba abrazando la carpeta y un libro como aferrada a ellos.

- No se te van a escapar. Dejalos en el arbol

Apoye las cosas y le di la espalda.
Sentí su mano en la nuca y quise girar, pero apoyó la fuerza de su cuerpo contra el mio. Casi sin aire, comenzó a atarme las manos con algun pedazo de tela.
Entonces, gemí.

Tomó un centímetro de distancia para rozar mis pequeños pechos. Sus manos me rozaban, de pronto nada era presión salvo las muñecas. Quise gritar, pero me lo impidió susurrando en mi oido. 
Jugando con los dedos, se detuvo en mi ombligo. Una mano desabrochaba suavemente la pollera, la otra buscaba ya el horizonte del elástico.
Estaba mareada, se que me hizo girar porque en algún momento lo vi de frente. Casi adorandome, apenas apoyando los labios, besó todo mi vientre. Era otoño. El aire de la tarde era fresco. Un poco de viento le levantaba el pelo ahí arrodillado, acariciando mis muslos, observando la bombacha como se observan las piedras preciosas, casi reflexivo.

Me abriste las piernas. Un perro cerca, nos miraba curioso.
Y vos con un dedo... con un solo dedo jugabas a dibujar el contorno de mi sexo por arriba de la ropa.
Me sentí desesperada. Mi cuerpo estallaba y no sabía lo que quería o si sabía lo que quería.
Todo.
Adentro mio.
Como fuera.
Sacudí la cabeza y tu amigo estaba detrás del árbol. Grité asustada y me bajaste rápido la bombacha. Te reías tan fuerte. Quise zafarme las manos, quería irme.

- No seas tonta, Paulita. Dale, dejanos saber que gusto tiene