martes, 18 de febrero de 2014

No tropezaras

Asi como se tropiezan
l
a
s
l
e                         tantos arcoiris
t                        tantos caminos ni
r                      n
a                     i
s                    s
desamparadas

Asi como las paletas brindan por las soledades
e
m
p
u
j
a
n                              rramando tonterias
d                            e                              u
o                          d                                  n
nombres en el alba                                    poquito de miedo por aquí
                                                                                                           u
                                                                                                           n
                                                                                                           c
                                                                                                           a
                                                                                                         p
                                                                                                      r
                                                                                                    i
                                                                                                  c
                                                                                                  h
                                                                                                 i
                                                                                                 t
                                                                                                 o
                                                                                                 por allá.
                                                    Asi voy a abrazarte hasta que las letras
dejen de temblar y se queden quietas
o confiesen que es solo un baile
para  festejar la luz que se escapa por el pincel
la que
         s
          e
           b
            e
             s
              a
             c
           r
         o
       m
     o
   a
c
r
o
m
o

Asi los rios volveran al río escapando de este té con medialunas.
Las fuentes de las plazas se llenaran de azúcar
para delicia de niños, hormigas y gendármes.
La luna volverá solo en las noches
y no en los ojos tristes
que el espejo me devuelve.
Que se los quede él
Q
u
e
s
e
l
o
s
q
u
e
d
e

lunes, 17 de febrero de 2014

Solo de barco

Como vas a subir las escaleras del cielo tan borracha.
Cerveza mexicana
Un sueño pequeño cumplido
Mi cuerpo te cubre
                 La noche y sus herrumbradas estrellitas.
(Quién podrá saber que necesito tanto?)
                 No pense en ningún lugar
El barco fantasma
                Adrenalina con olor a sueños, a esperanzas humedecidas
A quién le importará
que este cuerpo traslúcido
continue su camino ebrio piso tras piso.
                El rio transformando su vientre.
Su vientre que hace temblar de miedo a los cangrejos
               Dónde me dejaron escondido el sueño
La cerveza caliente
La luna enorme
El adios
El dolor chiquito
El pequeño Boggie recién pescado

miércoles, 12 de febrero de 2014

Puedo entender

Puedo entender que escaparas.
Que me vas a acariciar una penumbra de sol
con los primeros truenos.

Yo, se que escaparas.
Que no aceptas las sonrisas
ni las noches sin capitanes ni rios.

Inventaré nuevas formas de olvidar,
de contar plumas de peces chiquitos.
Tan chiquitos...
Las palabras irán tejiendo el cuenco
que contendrán tus ojos.
Los ojos que me vuelven tan bella
y me exponen pretenciosamente.

Tu apuesta histórica.
Tu apuesta perdida.
Tan bello el juego.
Que poco importa

sábado, 28 de diciembre de 2013

El Destino

A mi amigo Pedro

Nunca confié en el destino. El destino como presagio de lo que inevitablemente sucederá. La vida se construye ladrillo a ladrillo y por pura responsabilidad de uno. Sin el futuro escrito hablé con Carlos y nos citamos para jugar al ajedrez en el bar de Cid Campeador. Jugar al ajedrez era la seña para pasarnos documentos. Los conspiradores llevan la imaginación al poder en pos de salvaguardar sus vidas. Y eramos conspiradores. El golpe había barrido con una buena parte del activismo. A los amigos los secuestraban, los torturaban, los escondían vivos o muertos como el que juega al Lobo está.
Y nunca estaban.
La policía nos seguía pinchando los teléfonos o apostandose en las puertas de nuestras casas. El terror de ese estado tembloroso y patético, pálido de pensar que un conjunto de jóvenes luchadores se alzara con el megáfono azuzando a los vecinos a comprender que el terror estaba invertido. ¿Porqué iban a matarnos si no era por miedo?
La junta militar tenía miedo. Y poder. Y armas. Y hasta curas que le dieran la extrema unción a los torturados. Una combinación despiadada para proteger el poder de los que no iban a mancharse con sangre las manos. De los que no iban a llevarse mujeres pariendo en los patrulleros. A repartirse electrodomésticos, o viviendas, o niños recién nacidos.
Por eso uno no podía quedarse en la casa mirando el fútbol y había que salir a pesar de ese primer día de verano de 1977 con un calor insopostable hasta el Cid Campeador. Tomar tres colectivos innecesarios, sin sospechar en la paranoia sino sabiendo que cada día era posible que se acercaran a la esquina de casa para seguirme. Entonces jugar a cansarlos, a las escondidas, a la rayuela, al pisa pisuela color de ciruela via via en este pie que baja del colectivo y camina diez cuadras zigzaguando hasta la puerta del bar “El destino” y el gesto incómodo de Carlos, la mano que temblaba un poco cuando le di los documentos y la excusa de siempre de entrar al bar y pedir un café y entonces sí relajarse poco a poco, cigarrillo a cigarrillo, gol de River a gol de River.
Poca gente en el bar para ser las siete de la tarde. Una ventana de madera semi abierta colmaba el espacio de frenadas y bocinazos en la avenida. Nos sentamos con el miedo casi superado. Otra vez los perdimos. Nos estaran buscando por Liniers o Puente Lanoria. El mozo no se acercaba a tomar el pedido. Nos miraba compasivos desde la barra cuando se abrió la puerta que daba a mis espaldas.
- Rajá Negrito que es la cana
No lo pensé. No se piensa en nada más que en volar o darse vuelta y cagarlos a tiros en el centro de la ciudad. Pero no volamos ni llevamos armas encima, que mierda. Que mierda no poder volar para arrancarles a Carlos de los brazos, para cortarles la luz que ya enciende la picana.

Laura

Nunca más compró libros ni los quiso en su casa. Una vez era suficiente para el escarmiento. Porque de sus libros no quedaba nada. Ni de su casa, ni de su Laura. Tampoco los vecinos se acercaban mucho, no querían ni hablarle como si apestara.
Como si uno apestara por no callarse la boca, por ir perdiendo el nombre de a poco detrás del apodo impuesto para salvar la vida. Laura tampoco era Laura, porque una noche mientras se amaban beso fuerte su boca y se escapó algo como Susana.  Pero él no quiso saber. Hay tiempos en la historia donde saber es la condena y no saber es la muerte. Difícil elección.
Por eso ya no guarda libros. Ni a Laura con su pelo suelto y su sonrisa enorme donde siempre se escondían otros nombres, o esa cita en el bar del que nunca volvió por ir con sus libros.
Por eso ya no guarda nombres. Se preocupa por recordar las caras que refresca noche a noche en el balcón de su nueva casa. Entre algún disco viejo y un vaso de vino. Muchas caras tiene el día y  solo el nombre de Laura.
Por eso ya no guarda a Laura. La deja irse arrastrada de los pelos sueltos por algún policía de civil, por alguna avenida que rodeaba al bar de la cita. Ahí donde se abrió su morral y volaron sus libros en la cara de ellos. Como pájaros libres. Como escupiendo la afrenta del estado organizado y asesino. Es el gobierno el asesino. Hay que esconderse del gobierno sin literatura, sin novelarse, sin Laura, sin tantos libros. Sin dejar de denunciar que el asesino es el gobierno. Que a Laura se la llevaron unos señores parecidos a esos que tocan el timbre.
Por eso ya no guarda libros, ni a Laura, ni piensa abrirles la puerta en silencio.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Vindicación de la gorda

Nos obsesionan con el cuerpo. Con la carta de presentación ante la sociedad. Así de perverso el temita de la delgadez abstraída de razones clínicas.
Nosotras no tenemos derecho a las tetas caídas, a la celulitis, a las arrugas o a las canas.
Mucho, pero mucho menos, a la panza.
La panza es la joroba del siglo XXI.
Mujeres panzonas son investibles, indeseables, se les da el asiento en el colectivo porque ninguna mujer tiene pancita sin estar embarazada.
Hay un razomiento social hacia la gorda. Por considerarla resentida. A veces insatisfecha. Los más “simpaticos” tildarlas de “gauchitas” pretendiendo hacer gala a la fama de dadoras incondicionales de placer sin pedir nada a cambio.
La sociedad nos expone a la visión como el sentido definitorio de nuestros gustos. Cuando perderse el tacto es un delito. Y el paladar merece en si mismo su propio manifiesto.

Las gordas nos hemos vuelto las verdaderas revolucionarias de la belleza. Hay que poder vestirse como una mina y no como una carpa cuando es tan difícil encontrar ropa acorde. ¿Por qué no se vendería? No. Porque deberían aceptar que van perdiendo la batalla. Que hace mucho las mujeres descubrimos que la sensualidad no se mide en talles sino en fuego mismo. Que no conoce pechos pequeños ni nalgas blandas. Que arrasa con el órgano sexual verdadero. El cerebro todo. Los sentidos todos danzando un mismo juego sin balanzas ni chicas de la tapa de Gente. Sin poses y con ganas de un choripan y una cerveza fría.

Después de amarnos descaradamente, eso sí

Una pregunta

Para quien uno escribe nunca importa
Siempre es uno mismo en la mirada de otro
Estoy escribiendo para que tus ojos me vean
Para que tus manos me toquen de verdad
Desde las cuerdas hasta las uñas
Escribo para decirte bello
Para decirte cosas que me muerden
El pecho desde afuera y desde adentro
Para que no se apague la luz
Ni la música
Escribo para que la comida siga
Oliendo a infancia tuya y mia
Para que estemos menos solos
Mientras hay luna llena
Mientras ella en algún lugar
sube la sábana hasta tu cintura.
Porque no importa
Por eso escribo
Al fin y al cabo,
Porque no importa