sábado, 16 de noviembre de 2013

Fin de la cita

Lo paranormal de tu música. Cerrar los ojos. El timbre del teléfono. Una voz. Un reclamo. 30 veces en una hora el mismo casette que me lleva a la rastra hasta tu perfume. Vomitar de tristeza. De asco. Salir a correr. Fumar a la luz de la luna. Tu luna. Perderme entre la gente extraña que empieza a gritar en lenguas que desconozco. Leer cosas sin importancia. Volver al teléfono sabiendo que no va a sonar el timbre que yo quiero. El casette de nuevo. Nuevamente tu perfume y el vómito. Y decidirme a saltar profundo. Que los ojos cerrados me lleven a tu música de nuevo. Todo con una insoportable lentitud. Que gran idea dejarme abandonada para enseñarme a olvidar buscando tu mano.
Que horror conformarse con una mano

(1999)

viernes, 15 de noviembre de 2013

La siesta del Fauno


Cuando comienza el calor me da por dormir sin ropa interior o con la menor cantidad de ropa posible. Una impresión de ahogo sobreviene al acostarse entonces una remera por acá, un pantalón por allá. Allá el corpiño, sobre todo y aunque a veces la bombacha. Pero hoy no. Siesta con bombacha y luz tenue. Después de tanto trabajo al fin la siesta.

Cerré los ojos para deslizar los lugares conocidos, las voces que se apagaban, el día que comenzaba a parecer  indiferente. Un poco más tarde sentí que al fin me dormía. Una voz maternal me llamaba por mis dos nombres desde una cocina que ya no existe mientras Radio Rivadavia  informa la hora. Hoy no hay ganas de un inconciente terapéutico y busco las llaves. Están puestas en la puerta, como siempre, si siempre nos queríamos escapar. Pero en las siestas nadie me reta ni me persigue entonces la llave cede, la puerta se abre a un bosque. Un bosque lleno de luz de luna y árboles gigantescos. Me da tanto miedo el Fauno pero no se puede llegar hasta acá sin meterse al bosque. La otra opción podría ser girar y volver pero ya no hay puerta,  no hay casa, no hay Radio Rivadavia. La magia y el flagelo de soñar…

La arboleda se abre paso y yo en ella. Esmeradamente distingo el sonido del río que siempre es el delta. No importa si la geografía ubica allí al Egeo, siempre es el delta. Voy buscando a tientas porque me gustan las siestas pero no soy boluda y de ahí hay que volver en algo. En bote, en nave o en avión de papel. Me reí mucho del avión de papel cuando me doble el tobillo con  alguna rama y me apoye en el árbol sin dejar de observar que estaba en bombacha y que tomaba conciencia que la ropa se había quedado esperando en la silla. Esta bien que este desnuda. Una se merece la brisa de la tarde entre las nalgas de vez en cuando. Pero entonces hay que apurarse y terminar el camino antes que termine la tarde y se enfríe el día y la desnudez nos condene.
La primer mano la sentí en las rodillas. No eras vos. No podías serlo. Era el Fauno. Pero no. Pero sí. Pero no. La mano avanzó hacia mi entre pierna haciendo que mi pecho se agite de temor y de deseo. Una boca que era la tuya busco mi boca. Tu mano ya no era una sino dos y ambas jugaban a correr despacio la humedad derramada en ese pequeño espacio de tela. Gemiste cuando el tacto te indico el calor.
El árbol que nos resguardaba nos resguardó aún más cuando tu sexo brillante busco mis caderas haciéndose lugar entre quejidos y dolores totalmente soportables. Tu mano se dejó caer sobre mis pechos para aprisionarlos con la ternura y la pasión con que se sostienen las libélulas. La lengua hirviendo sembrando con saliva el naranja del atardecer, arrancando soledades, palabras indecentes desde la misma garganta que fue recorriendo. Así, Fauno. Así empezó a llover despacio. Una bandada de pájaros huyó asustada por los gritos de mi primer orgasmo. Ese que inmediatamente decidiste lamer hasta beberlo integro. No ibas a irte después de haberme encontrado. Dejaste que tu sexo jugara con mi boca, con mi pelo. Jugaste a derramarme besos y  estocadas, esperma y fuego. Ese fuego de tus ojos. Tus ojos detrás de otros ojos. Esa luz inconfundible, de flor en el desierto, de Fauno en el bosque.
Y el despertador, por supuesto.

¿Cuánto creías que dura la siesta?

lunes, 4 de noviembre de 2013

Había una vez...

Había vez un jóven muy jóven  que no era muy apuesto pero si muy gracioso. Este joven que era  poco apuesto pero tan gracioso jugaba todo el tiempo pero era tan poco apuesto que jugaba solo. Y yo que en esa epoca usaba el pelo laaaaargo y una sonrisa de idiota. Es decir, una sonrisa de confianza, de cierta felicidad. Eso, que es igual a la sonrisa del idiota. Pero este problemita del contenido y la forma. Porque no era idiota. Pero esa sonrisa...
Lo cierto es que este joven poco apuesto pero muy muy gracioso un dia le dijo queres ser mi novia y ella le dijo que si como a  casi todos hasta ese momento. Y eran tan felices la boba de la sonrisa y el joven tan poco apuesto pero tan tan gracioso. Jugaban a lo loco todo el dia. Que el trompo, que la rayuela, que la piedrita, que la piedrita, que la piedrita.
Hasta que un día jugaron a la tiza y se les borroneaba la rayuela. Y otra piedrita. Y otra piedrita.
Fue entonces cuando el joven que era tan poco apuesto pero tan gracioso comenzo a embellecer. Y asi cada dia mas apuesto y sin gracia, casi nada de gracia.
La boba no entendia bien y se quedaba jugando sola a las escondidas, con esa sonrisa contenta. Espeluznantemente idiota. Y este joven, ay este joven cada dia mas apuesto y mucho mucho menos gracioso pronto tuvo tantas novias. Tal vez por eso empezo a mentir lugares, encuentros con amigos, pavadas que ella creia porque asi debe ser. Para que se necesita mentir? Por que iba a hacerlo? Asi se lo repitio a una amiga mientras bajaban del tren y él la besaba desde el auto. No corrió la muy boba. No le dio un sopapo. Solamente le grito. Por primera vez le grito como un vómito, que era un hijo de puta. Que era un hijo de  mil putas. Que le había mentido y solo por eso la había tomado por idiota. Insultado su inteligencia. Ultrajada su confianza por un joven que se sentia apuesto pero que ya no causaba gracia sino risa. Un patético monumento a la impotencia
Él lloró en silencio. Callado mientras ella se iba.

Y podés creer? 20 años después ella sintió un poco de pena. Pobre tipo condenado por ser un hijo de puta. Quien iba a creerle. Que vida de mierda habrá tenido

sábado, 2 de noviembre de 2013

Que te cuento

Que te cuento que se fue, así, dejándome la última palabra en la boca. Una puteada enorme, llena de rencor y hastío. Que se vaya al carajo. Pero el muy forro estaba esperando a verme levantar la cabeza. Valorándolo. Buscando renacer el amor después de tantos años, y resbalar al borde de lo que para vos era  la felicidad. Pero estos puentes malditos que nunca se sostienen de un lado solo. Vacíos de magia. Vulgares amores que se vuelcan a la gravedad mediocre. Y caen. Y suena a hueco.
Si vas a vomitar despecho siempre te acusan de víctima. De enorme jodida. Sos la piedra. El ancla de su vida insoportable. Porque algo así dijo mientras tratabas de explicarle que la desocupación, que la crisis en Europa, que en el trabajo no le pagaron pero lo entendés porque a vos tampoco. Que juntos es más fácil.
Estoy harto, dijo.
Claro, yo también.

Pero es un lujo que no puedo darme. Hay que bancar porque es preciso. Es preciso creer en la historia, en el futuro, en la necesidad humana de terminar con el dolor, con el hambre, con la miseria del alma. Hay que bancar o rajarse un tiro. La vida es tan breve y tiene tanto sol, mi vida. Este sol que cae tibio en mi frente por la rendija de la puerta que dejaste a medio cerrar 

sábado, 19 de octubre de 2013

El pintor de las mujeres soles

 
Y que me importa.
Que me importa
que falten vidas
o sobren restos.
Que se me prenda asi
como si nada
un bosque de desencuentros,
un puñadito de  peces,
un camino de escolopendras
pegadas a tus dedos
que no tienen miedo
ni asco de hundirse
en la mugre
en tiempos de asquerosa mugre
donde la belleza
esta en el mismo
acto de encontrarla,
donde se deben arrebatar
caricias a la vida
sin pedirle permiso.
Donde la belleza es tu boca.
Tu boca cerrada.
Tu boca abierta.
Tu grito.
Esta Revolución que besaremos impúdicamente
de tanto parirla
de tanto empujarla
en un tiempo cruel y bello.
Como el color de tu sonrisa.
Como las cosas lindas



miércoles, 17 de julio de 2013

Una penita

Es una lástima que no estes conmigo,
Que no te hayan encantado mis hechizos,
que el esmero por sorprenderte
solo haya sido magia vulgar,
mediocre.
Evidente.
Que pena que siempre los chistes
fueran tan malos
o a destiempo.
Que estirar los brazos para
acariciarte solo fuera
a tirar el vino en tu mantel nuevo.
Y mil disculpas.
Mil disculpas por no haber alcanzado
los paisajes que te hacian falta.
Mil disculpas por no haber estado
a la altura de tus montañas,
de tu inmensa mirada.

De tu pobre persona.

sábado, 6 de julio de 2013

Palabras para Usted

Cuando camina el desierto, Principito,
usted no sabe que tristeza se le nota.
Hay algo en su andar que conmueve,
un aleteo de pájaros como motor en los pies,
la canción siempre en el borde de los labios.
Para mi que de cansado usted se acercó
de esta manera amiga, compañera, embaucadora.
Usted se puso tan alto ante mis ojos,
deslumbrante, sideral, inmenso.
Usted me convenció a sonrisas
que bordaba el alma con
lo mejor del laberinto.
Usted beso mi boca desesperadamente
para apartarme con sabor a derrota,
a mieles secas.
Usted perversamente me declaro su aprecio,
su afrenta, su deferencia,
su completa falta de amor,
de nada.
De todo.
Usted se fue sin mirar atrás
ni al paisaje.
Usted en el silencio.
Sin dolores.
Sin olvidos.
Sin una gota de sangre, Principito